No solemos llamarnos por teléfono. Pero
ese día llamaste. Mika no aparecía y estabas angustiada, triste.
Tus pensamientos divagaban entre la posibilidad
de que se hubiera ido, caído o la más
completa duda respecto a que pudo haber pasado. Si se había caído tenía que
estar en algún lugar, raro sería que se lo hubieran llevado, y sentiste que ese Ser peludo que tanta compañía te
hacía, había salido de tu vida como con un soplo de mago.
Dormiste mal, lloraste pero sin perder la esperanza. Tu gato no podía haberse ido, y una vez más saliste a
buscarlo con tus dos amigos españoles Josep y Romi a los que más tarde se unieron
los chicos del barrio, que te ayudaron a hacer las recorridas. Ya vencida por la
desilusión y la tristeza de perder a tu peluche con corazón, diste una vuelta
más, una vuelta que ya habías dado.En la cochera de tu edificio
gritaste su nombre, lo llamaste con un hilo de voz ya vencido: “Mikaaa”,
“Mikaaa”, no hubo respuesta.
Al día siguiente lo intentaste una vez más, desde la puerta de la cochera lo llamaste y desde algún rinconcito mudo escuchaste un maullido que se iba acrecentando a medida que la desesperación elevaba tu tono de voz: “Mikaaaaaaaaa”. El intentaba hacerse oír pero su voz era tan solo un leve sonido que solo vos lograste escuchar, lo encontraste metido en un trastero, lastimado, muy lastimado y la alegría de encontrarlo pudo más que la impresión de ver cuán herido se encontraba.
Al día siguiente lo intentaste una vez más, desde la puerta de la cochera lo llamaste y desde algún rinconcito mudo escuchaste un maullido que se iba acrecentando a medida que la desesperación elevaba tu tono de voz: “Mikaaaaaaaaa”. El intentaba hacerse oír pero su voz era tan solo un leve sonido que solo vos lograste escuchar, lo encontraste metido en un trastero, lastimado, muy lastimado y la alegría de encontrarlo pudo más que la impresión de ver cuán herido se encontraba.
Alguna fuerza extraña lo debe haber
invadido para romper la reja del lugar donde se había escondido, en ese
recóndito lugar que eligió como guarida, quién sabe si alguna vez lo hubieras
encontrado si no fuera por tu corazonada, no podía simplemente haberse ido. Tenía
una pata rota, lastimada su piel y las uñas quebradas y limadas completamente,
solo pudiste imaginar que en alguna maniobra rara, caminando por la cornisa del
balcón resbalara y en un intento desesperado haya clavado sus garritas a la
pared, ya que encontraste rastros de pintura desprendida en el tercer piso. Quizás
algún pájaro lo molestó o sorprendió caminando por el borde de balcón, eso
nunca lo sabremos, lo que si supimos es que tu gato cayó 4 pisos y ha perdido una de sus sietes famosas vidas.
Que hay buenos médicos en Cuba nadie lo duda, solo hay que encontrar al indicado. Pues el primer veterinario que lo vio
no supo analizar la gravedad de su estado, le colocó una tablita en la pata, la
vendó pero el remiendo no duró mucho, cuando volvió
de la anestesia, como la naturaleza es sabia, Mika eliminó el material extraño de su
cuerpo y dejó nuevamente la herida a la vista, él estaba dando un mensaje, miren
bien porque hay algo más. Los médicos dijeron que no tenía nada solo
una pata coja, pero aun así no se dejaba tocar y tambaleaba de un lado a otro, seguía
sin poder apoyarla y la idea de que eso lo provocara la "nada" no logró convencerte. Con ánimo, que no se si yo tendría, le cubriste su pata con vendas elásticas para llevarlo al día siguiente a un nuevo control. Cuando amanecieron su pata
había crecido hasta alcanzar casi el tamaño de su cabeza, saltaste de la cama y decidiste buscar nuevas opiniones, llevar
a tu anaranjada bola de pelos a otra ciudad, Cárdenas, en búsqueda de un médico
un poco más avezado. He aquí que el pobre gato tenia fractura de tibia y peroné
y un ortopedista digamos que para humanos lo atendió como si fuera uno de sus
pacientes.
Acompañaste a Mika durante todo el
proceso, cuando el Dr. le rasuró su extremidad el hematoma era tan grande que
tu alma se compungió, hacia tres días que estaba en ese estado y había empeorado.
Hubo que dormirlo nuevamente, durante la cirugía, con desconfianza y miedo
observaste estoicamente cada paso y maniobra del cirujano. Mika tuvo sus
primeros puntos y para remendar el terrible daño que ocasionó la caída le colocaron dos varillas de metal. ¿Cómo se portó? Como se iba a portar si es un "Señor
Gato".
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